El agua se ha terminado en el pueblo keniano de Maalimin. Los abrevaderos se han secado. Y los pozos. A pesar de los llamamientos de las ONG, las consecuencias de la peor sequía de los últimos 40 años siguen extendiéndose en el Cuerno de África, dejando un rastro de suelos estériles y hambre.
Llamado a la acción
A mediados del pasado mes, el vicepresidente de Kenia, Rigathi Gachagua, se reunió con los socios de cooperación del país en Maalimin.
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Todos coincidieron en la necesidad de pasar a la acción con rapidez.Sin embargo, el representante de la ONU en Kenia, Stephen Jackson, señaló la necesidad de movilizar más medios e hizo un llamamiento a la comunidad internacional.
La escasez de agua en Kenia se repite en otros países de la región del Cuerno de África, como Etiopía, Somalia, Yibuti y algunas partes de Uganda; donde millones de personas pasan hambre.
«Si las tendencias continúan, pronto observaremos la quinta temporada consecutiva de lluvias en la que lloverá poco o nada, y eso es algo que literalmente nunca hemos visto antes en Kenia», advirtió Jackson.
«Lo que sabemos con certeza -añadió- es que la emergencia por la sequía actual, que ya es nefasta, está volviéndose todavía más profunda y grave».
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